El Derecho no se comprende solo desde los códigos. El cine y la literatura revelan su dimensión más humana, crítica y social.
Ambas disciplinas permiten mirar la justicia desde otros prismas, entender sus dilemas y cuestionar su rigidez.
La abogacía, como oficio de palabras y relatos, tiene mucho que aprender de las historias que se leen y se ven.
Quizá haya llegado el momento de sacar el arte del “armario de los hobbies” y devolverlo al lugar que merece: el de herramienta esencial para pensar el Derecho y ejercerlo con humanidad.